Como hijos de Dios, tenemos reverencia por quién es nuestro Padre celestial, por lo que Él ha hecho y por lo que ha prometido a través de su Palabra. Esta reverencia nos da acceso a las promesas de Dios mediante el reconocimiento de nuestros pecados y la presencia del Espíritu Santo.
Estas no son promesas abstractas acerca de algo que no podemos experimentar, sino que Pedro dice que son promesas de naturaleza divina. Piensa en todas las limitaciones que nuestro entendimiento humano nos impone: nuestro Padre celestial puede superar cada una de ellas con su creatividad y sabiduría celestiales. Solo depende de ti y de mí si deseamos participar de esta naturaleza divina.
Una vida en el temor de Dios
Todos necesitamos presentar nuestras vidas delante del Señor y preguntarle si hay algo en nosotros que no le agrada. Debemos pedirle que nos revele si existe alguna manera de actuar, alguna mentira, algún pensamiento o algo semejante que cree distancia y que impida que las bendiciones de Dios fluyan en nuestras vidas.
Uno de los fundamentos de este sitio son precisamente estas palabras de 2 Pedro 1:3-7. Porque, como escribe Pedro, las preciosas promesas de Dios, que Él nos ha dado como un regalo, tienen como propósito ayudarnos a vivir una vida en el temor de Dios. Y si creemos y vivimos una vida recta, con conocimiento, dominio propio, perseverancia y reverencia a Dios, y con amor hacia nuestro prójimo, podremos participar de la naturaleza divina.
En esto también tenemos un desafío: un enemigo que intenta impedirnos ver lo que Dios nos ha dado. Intentará decirte que eres esclavo y no heredero, que estás atado en lugar de ser libre. Depende de ti y de mí si damos lugar a las mentiras del diablo o si nos aferramos a la Palabra que hemos recibido.
Busca, por tanto, sabiduría en la fe, fortaleza en la esperanza y amor tanto hacia Dios como hacia las personas.